El sentido orante del hambre y la sed

 

Y de inmediato, al encarnarse el ser, el hambre y la sed se hacen presentes.

Es el requisito que, en esta recepción de este lugar del universo, se precisa para vivir.

El respirar lo damos por automático: el fino hilo del Misterio que nos sostiene. Pero el hambre y la sed nos representan el contacto, la comunión, el intercambio…

La necesidad de concretar, de configurar, de hacer, el hambre.

Y la sed… se muestra como otra faceta de necesidad… de algo inodoro, incoloro, ‘insaboro’, insípido, pero absolutamente imprescindible.

Y esa característica de lo vivo va a permanecer a lo largo de la vida.

Podríamos decir que, bajo el fino hilo de aspirar y espirar, la materia viviente se va conformando en base a sus hambres y su sed.

Sí. Pero, bajo el sentido orante, el hambre… es ese hambre de dar cauce a los proyectos, a las ideas, a los planes, a las fantasías… ¡que no necesariamente tienen que convertirse en piedras o en paredes o en toboganes o en aviones o en tanques! ¡No! Pero sí hay un componente… un componente concreto, un componente de sentidos; como la criatura cuando olfatea a su madre, y sabe precisar el alimento que le aguarda.

Y la sed orante: esa necesidad de, justamente –o aparentemente-, todo lo contrario a lo anterior; no tiene la configuración de forma, de estructura, sino que se adapta.

Es, esa sed, el beber de la inspiración, el beber de la belleza, el beber de la estética, el beber de lo pulcro, el beber de la fantasía; mientras que el hambre, cuando se realiza, se exterioriza en color, olor, sabor… Y por ello parece contradictorio con “inodora, incolora e insípida”, del agua.

Dicho de otra forma: el sentido orante nos despierta para revelarnos cómo, con el hambre, realizamos, ejercitamos, constituimos; con la sed, recreamos, imaginamos, fantaseamos, proyectamos…

Y ocurre… sí, ocurre que millones de seres de nuestra especie poseen hambre infinita y sed insaciable, porque se ha configurado la ley, el orden, la economía, la producción, la cultura… de tal forma y manera que esos millones no podrán conformar, no podrán imaginar, fantasear o ilusionarse.

¡Y a la vez!, otros millones se saciarán… y hasta devorarán su hambre, y se encharcarán de sed. Y así, a la hora de realizar, no habrá realización; y a la hora de imaginar, ¿qué hay que imaginar?

Bloquearán sus percepciones. Encharcarán sus ideales.

El sentido orante nos susurra; nos susurra a propósito de nuestras hambres y nuestras ‘sedes’… ¡Y nos hace preguntarnos!...

“Ahora que… saciados están tus dientes, ahora que el agua te ha purificado, ¿cuál es tu hambre? ¿Cuál es tu sed?

Tú, que has tenido la providencia de ‘saciar-te’… Tú, que has tenido la providencia de saciarte, ahora, ¿cuál es tu hambre? ¿Cuál es tu sed?

¿Cómo se configuran los ‘haceres’, los ‘estares’, bajo el hambre de la vida, el hambre orante…? ¿Cómo se vive la sed, las diferentes ‘sedes’ que el alma precisa… para permanecer ¡liberada!?”.

Y deberían reclamar ansiosos, los cuerpos hambrientos de haceres, ¡ante tanta necesidad!... Y deberían buscar los manantiales, las fuentes y los ríos, para beber insaciablemente de la belleza, de la armonía, del equilibrio, del disfrute, de la complacencia.

Así, bajo el sentido orante del hambre y la sed, cada vez que tengamos la oportunidad de vivir esa física experiencia, la veremos –además de (como) un hecho requerido por el organismo-, la viviremos como un proceso de alma que se expresa, que se realiza, que se nutre, que se alimenta.

Ya se dijo: “No sólo de pan vive el hombre”.

Y tenemos, por nuestro origen y herencia, ese hambre y esa sed del ánima, del espíritu, de la consciencia. Pero ha sido, a lo largo del tiempo, bloqueada, taponada, suplida, engañada…; y ha sido secuestrada hacia lo estrictamente material. Difícilmente trascendida.

El valerse de nuestros sentidos y nuestras necesidades conformadas con respecto al medio, para darles trascendencia, es lo que precisamente muestra que realmente es esa trascendencia lo que está reclamando. Pero que, en el plano de existencia actual, se concretiza; pero, en otros planos, no se precisa esa concretización.

Podría decirse que ese hambre física, esa sed física… es virtual, pero tiene que expresarse por la conformación que tenemos ahora.

Una manera de verlo todavía más claro la tenemos en nuestra cultura, en nuestra enseñanza, en este Occidente que se carga de prepotencia y magnificencia. ¡Sí! Y ahora que estamos en esa época, en ese tiempo de lo Krístico, de lo encarnado, justo ese soplo Krístico da una muestra en nuestra cultura, y en general puede ser referencial de trascender al hambre y a la sed –y, a la vez, darle una trascendencia a ejercitarla-... a través de la “eucaristía”.

Sí. Esa ritualidad que establece el equivalente divino, de dar de comer y de beber… de uno mismo –que es como dar de comer y de beber de la Esencia del Misterio-, es una muestra. Es una muestra que nos toca por cultura, por… porque sí. Y que, no obstante, se extiende a todo el orbe.

Necesitamos, por nuestra conformación, “equivalentes”… para poder ir elevando nuestra consciencia, nuestra visión, y nuestra ¡fusión!… con lo enamorado, con lo amado: lo más cercano que tenemos al Misterio.

Y en ese hambre, y en esa sed de amor y de amar, ¿cómo… cómo es posible que, lo que se amaba, ya no se ame? ¿Cómo es posible que la sed de los besos se agote? El hambre de la caricia, ¿se olvide… o se rechace?

¿Cómo dejarse robar los besos de lo amado…, los abrazos y las ternuras del amante? ¿Cómo… esconderlo o repudiarlo?

¡Tanta vanidad insolvente!, ¡tanta razón contundente!, ¡tanto peso de ganancias!, ¡tanta importancia de prejuicios!…

¡Ay! ¡Qué poco se ve lo que la Creación nos derrama! ¡El hilo inspirante de cada suspiro! ¡El despertar de cada mañana! La belleza de cada instante. Por poner una simple pincelada… ¡grandiosa!

Pero, al ser, le sirve de poco. Y es por ello que la oración reclama, ¡para que se aperciba de sus posiciones! ¡Para que despierte a su verdadera necesidad de alma!... y no la materialice en detalles, en acciones, en posiciones…

Pero cierto es que el ser se empeña en cambiar los planes de la Creación, en cambiar los planes divinos, y hacer sus propios ovillos; que, aunque sean de desencanto y de rancio retroceso, se mantienen por… ¡obsesos!, por importancia; ¡ah, sí!, por competir. ¡Faltaría más!

Si la Providencia no nos abandona… ¿por qué el ser abandona… y se acomoda en la desdicha, en la renuncia, en la apatía o en la rabia?

¿Qué daño le ha hecho, el Amor…?

***

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

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